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  • Néstor Barbosa

¡Olvídate de mí!

Cuando confieso que mi película favorita está protagonizada por Jim Carrey, tras escribir en mayúsculas la palabra CINE dentro de un corazón verde, algunas personas levantan la ceja olvidando que dicho actor no es todo lo que parece. Y es que en ¡Olvídate de mí! el rey de los tics más profusos e irritantes se convierte en el taciturno, y hasta dulce, Joe Barish.


¿Os acordáis del programa de TVE sobre cine presentado por Jose Toledo bajo el nombre de Cartelera?, pues en dicho espacio es donde descubrí el título del nuevo film del Michel Gondry. Recuerdo perfectamente el rostro de Kate Winslet (Clementine kruczynski) desvaneciéndose en la noche helada del lago Montauk. De aquellas, en pleno despertar del placer cinéfilo, mis gustos se inclinaban hacia imágenes ampulosas y guiones rocambolescos. Por lo tanto, su trailer acompañado de la canción Mr. Blue Sky de Electric Light Orchestra, se convirtió en uno de los mejores auspicios del año.


Llegó el día del visionado gracias a la existencia de los videoclubs, y pese a resultar ser una experiencia interesante, Eternal Sunshine of the Spotless Mind (título real y original) no fue un amor a primera vista. Con trece años de edad desconocía el romanticismo, y por lo tanto, me quedé cautivado con el claim que rezaba el cartel: You can erase someone from your mind. Getting them out of your heart is another story. Pero también con el personaje de Clementine adaptando el color del cabello a su estado de ánimo y creando grandes fragmentos de diálogos como el citado a continuación:


«Muchos hombres creen que soy un concepto, o que quizás les complemento, o que voy a darles vida. Sólo soy una mujer jodida que busca su propia paz de espíritu, no me asignes la tuya».


Pasó un año y la volví a ver, un año en que sin quererlo comprendí que inconscientemente me había enamorado de Clementine gracias al reposo mental que la soledad regala en sus momentos más álgidos. La pareja que había decidido acudir a una clínica especializada en la eliminación de todo tipo de recuerdos para olvidar su complicada, y por lo tanto, realista historia de amorodio, llegó a mi cabeza como el buen vino: subiendo directo hacia la cabeza, pasando por el corazón, hasta llegar a un éxtasis que solamente provoca ese primer amor que uno siente subyacente bajo la dermis.


No voy a adentrarme en los entresijos del film estropeando con spoilers acertados giros de guión. Pero he de recalcar alguna de las mejores escenas exentas de lugares comunes, como por ejemplo: el proceso en el que los recuerdos de Joe comienzan a esfumarse, y que en su arrepentimiento más lógico elige borrar trazos de su infancia y no del amor que le profesa el imprevisible personaje de Clementine, entrando así en unas bucólicas imágenes desordenadas que consiguen ordenar la mente de cualquier espectador escéptico de neuronas flamígeras.


Cada cierto tiempo la vuelvo a ver, descubriendo nuevos detalles y guardando otros tantos para que no caigan en el olvido. Mismo acto de inspiración me sucede con Mullholand Drive. Amores a tercera vista, amores complicados e insondables, que amas aún más cuando los pormenores de tu vida se adaptan perfectamente a una pantalla que tiempo atrás dejó de estar en negro.


El otro día, tras mi ventana, observando el impoluto blanco que estaba dejando Filomena, vino a mi mente la última escena de Eternal Sunshine Of The Spotless Mind donde Joe y Clementine corren y juguetean en una playa nevada de atrás en hacia adelante en el tiempo creando así una especie de loop con cierto significado metafórico.


Ir hacia atrás hace que vuelvas hacia adelante, y ello confirma que nadie puede olvidarse de nadie pese a que exista una supuesta clínica experta en ello. Con trece años no sabía que ese loop iba a estar constantemente en mi cabeza para recordarme que el amor de mi vida nunca será menos que una frase de la canción que acompaña a ese inolvidable final:


Everybody's gotta learn sometime

Everybody's gotta learn sometime

Everybody's gotta learn sometime


Change your heart

Look around you

Change your heart

Will astound you

I need your lovin'

Like the sunshine


Y ahora que tengo grandes dosis de amor guardado, si aparece alguien que pretenda salvarme, solamente le transmitiría una frase de Clementine:


«Beber, jovencito, hará que la parte de la seducción sea menos repugnante».

Photography: Behind the scenes of Eternal Sunshine of the Spotless Mind. Via Tumblr.

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