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  • Néstor Barbosa

La chica de los Cines Embajadores

Un domingo por la mañana, de estos en el que el sol está más alto de lo normal, compré dos entradas para ver una película en los Cines Embajadores. De todos los estrenos me decanté por Flee porque necesitaba vivir esa historia, tan lejana y tan cercana a la vez, como si fuese mía. Conocedor de que el film se había convertido en un hito por su triple nominación a los Oscar en las categorías de mejor película internacional, animación y documental, intenté sumergirme en la historia con la mirada más subjetiva que adopta cualquier espectador dispuesto a bajar el sol de un triste domingo.


Podría escribir una reseña formal para ensalzar con adjetivos superlativos y elogios a Flee en el Olimpo de los mejores estrenos del año, pero esta vez prefiero dedicar unos minutos a describir sobre aquellas sensaciones que se escapan de las proyecciones para conectar la realidad y la ficción en un mismo espacio en el tiempo.


Cuando pagas una entrada de cine estás comprando a un precio muy reducido experiencias imposibles de reproducir en el tedio que nos provoca la rutina semanal. Y aquí es cuando entra en acción la chica de la butaca de al lado porque, sin conocerla de nada y sin ninguna pretensión, consiguió que las lágrimas más contenidas brotaran con total libertad por mis mejillas. La escena en la que sucedió dicha unión de realidad y ficción iba directamente ligada con la orientación sexual del protagonista que se convertía en un problema más en su complicada vida. Por proximidad y experiencia propia mis ojos comenzaron a tomar el aspecto brillante de los que conocen el dolor, pero al observar a la desconocida llorando sentí a través de sus lágrimas esa empatía que en un pasado no pude encontrar entre algunos de mis conocidos. Ella estaba sintiendo tan suyo el dolor ajeno que hizo que sintiera el mío aún más cercano.


Todo esto puede llegar a resultar de una intensidad excelsa, pero no por ello esta vivencia está exenta de veracidad. Mi abuela encuentra en misa de doce la esperanza que le ofrece la religión y yo encuentro en la sesión de las doce la esperanza que me ofrece el cine con historias como la de Flee.


No podemos olvidar que, en una sala de cine, sin saberlo, compartimos sentimientos que somos incapaces de transmitir en una mesa con una botella de vermú. Y aquella chica que decidió olvidarse del alto sol de un domingo me dijo, indirectamente sin necesidad de palabras, que existe gente con la empatía suficiente para comprender el sufrimiento ajeno. No lo sé, pero el recuerdo de tal hecho se convierte en un antídoto inmediato para la soledad de estos tiempos tan cruentos.


Flee: Directed by Jonas Poher Rasmussen. 2021.

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