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  • Néstor Barbosa

Ver no es guiar

El mes pasado escribí sobre Eternal Sunshine of the Spotless Mind (2004) por diversas razones personales más que obvias. Ese mismo año se estrenaba también The village, traducida como El bosque, del incomprendido director M. Night Shyamalan. Es imposible escribir plenamente sobre este título sin caer en algún que otro spoiler de gran sentido común. El gran fallo de este film se encuentra en un desacertado trailer promocional que intentaba vender una historia de terror, cuando no es más que un guión repleto de amor y crítica social. Revisando algunos de sus mejores giros argumentales me encuentro con ciertos paralelismos y alegorías que perfectamente casan con muchas de las piezas perdidas del mundo actual.


La historia, sin profundizar en todas sus capas subyacentes, presenta a una población rural de un pasado incierto y cercada por un bosque repleto de bestias que amenazan con la integridad de sus habitantes. El miedo se consigue apaciguar con ciertas normas de dudosa protección que únicamente comparten un mismo propósito; no salir de la villa y penetrar en el bosque, bajo ninguna circunstancia. En dicho contexto conoceremos la historia de amor entre un apocado Lucius Hunt (Joaquin Phoenix) y una joven invidente llamada Ivy Walker (Bryce Dallas Howard) que sabe distinguir los colores y las emociones de una forma audaz y ostensible incluso para los ojos más ávidos de verdad.


Lo que es (spoiler):


Cuando Lucius es herido por arma blanca a manos del hermano de Ivy, ella decide entrar en el bosque para llegar a la ciudad, recoger la medicación necesaria, e inmediatamente salvar a su amado. En tal loable acto de valentía, su padre, que pertenece a la comunidad, le relata toda la verdad: no existe ningún monstruo ya que todo es una invención para mantener segura, mediante el miedo, al resto de población de la realidad ajena y más cruel de nuestro mundo. Así es como descubrimos en una maravillosa parte final que nos encontramos en el siglo XXI, y por lo tanto, la villa no es más que el falso refugio de una comunidad que ha decido desvincularse de la peligrosa ciudad para vivir anclados en el pasado y en el anonimato. El miedo hizo creer a las nuevas generaciones que el peligro estaba en el bosque, cuando realmente se encontraba en el resto de la humanidad. En todos nosotros. En resumen, son como una especie de comunidad Amish, pero sin ser conscientes, excepto los fundadores, de que existe una vida actual tras los árboles. Con todo ello, Ivy, guiada gracias al amor que le profesa a Lucius, vuelve del presente al falso pasado de la villa con las medicinas necesarias para curarlo. Y lo más importante: retorna manteniendo la mentira, inconscientemente, gracias a otro sorprendente giro que no desvelaré por aquí. Mejor verla, que leerla.


Lo que yo he visto:


Amor excelso. Historia de una sociedad actual que encuentra cualquier tipo de peligro en cada callejón. Alegoría al miedo exterior e interior como barrera para no salir del cuento. Un guión que deja despejada toda duda, en la que cada pieza encaja a la perfección, consiguiendo así crear un clímax final que te acompañará en algún que otro razonamiento que dabas por sentado. La ausencia de un sentido que consigue esquivar lo que otros no quieren ver. Una protagonista que te guía por senderos sinuosos en un paisaje que tiene tanta dosis de preciosismo como de amargura. Una mano estoica que espera confiada, en tiempos de incertidumbre, la fuerza de un agarre. El lazarillo que se convierte en ciego. Y el ciego que se convierte en la mejor opción para esquivar el camino repleto de óbices. Nada es lo que parece, y afortunadamente, existen lugares poco comunes en los que así surge un relato.


Lucius Hunt: ¿No deseas recuperar la vista?

Ivy Walker: Veo el mundo, Lucius Hunt. No como tú, de otra forma.


Lo que yo siento:


A día de hoy, encerrado ante una amenaza que en este caso sí existe, me declaro creador de mi propio mundo exento de las verdades más abstrusas.


Por cierto, terminaré el post con el siguiente diálogo:


Alice Hunt: ¿Y qué te hace pensar que tiene sentimientos hacia mí?

Lucius Hunt: Porque nunca te toca.


Como tópico del gallego; no toco. Y por esa regla uno puede pensar que nadie me gusta. Pero no es real, porque cuando toco es que previamente he conseguido sentir.


Photography: Ivy Walker (Bryce Dallas Howard). The village (2004).

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