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  • Néstor Barbosa

Pon un Oscar en tu rezo

Actualizado: abr 7

Los caminos importantes en mi vida comienzan con un túnel. El mismo que allá por 1999 recorría una madre (Manuela) tras la pérdida de su hijo (Esteban) para encontrarse con una Barcelona muy Almodovariana acompañada de la canción Tajebone de Ismael Lo. Yo tenía 9 años cuando tal escena se reproducía en el VHS de mi casa. Mi madre cogió el mando y tras un repentino "pause", llamó al prefijo 988 para decirle a mi padre que «Almodóvar, sin ninguna duda, ganaría el Oscar».


Meses después llegó el nuevo milenio y pude ver cómo la profecía de una madre se cumplía en mi primer visionado de la gala de los Oscar. Al día siguiente no fui a clase. Era más útil seguir durmiendo que lidiar con Coñecemento do medio. 20 años después Almodóvar está nominado por Dolor y Gloria premio que, si no existiera Parásitos, sería otorgado de nuevo por Penélope Cruz. Pero lo importante no son los datos, si no la absurda e innecesaria necesidad de ver una gala tan alejada a mi realidad. Una rutina anual que servía de excusa para pedirme el lunes siguiente en el trabajo cuando mi barba ya tenía poder de decisión propia. La vía de escape perfecta para un provinciano con miras hacia un futuro inalcanzable.


Y seguramente este pensamiento sea compartido por muchas de ustedes. Así que supongamos con convicción que la ceremonia esté politizada y comprada. La gran mentira que sólo sirve para engrosar el bolsillo de algún productor, ¿No? Puede ser, pero me da igual mientras haya un niño que al final de su túnel vea el brillo de una nueva ilusión.


Quién no entienda que esta noche es importante para mí, no comprenderá el significado de un regalo de cumpleaños. Hoy de madrugada me sentaré a ver cómo le entregan el premio a Laura Dern a actriz secundaria, pensaré en quién no está para comentarlo y justificaré de nuevo dicho discurso un año más. Si todo esto es sólo política, ojalá Rocío Monasterio sepa dar mejores discursos para no oscurecer aún más los túneles ajenos a su nula comprensión. ¡Vivan las banalidades del primer mundo para salvar nuestras miserias! Si el Joker pudiera ver la ceremonia, seguramente no escribiría en su diario la siguiente frase: «La peor parte de tener una enfermedad mental es que la gente espera que actúes como si no la tuvieras». O tal vez sí. Habrá que escribir para saberlo.






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