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  • Néstor Barbosa

Pangea es un buen comienzo

Desde pequeño, todas las comidas las consumo delante de la televisión del salón. Habitualmente veo productos audiovisuales que activen el piloto automático de mi mente; por ejemplo, el capítulo de Aquí no hay quien viva titulado Érase un cultivo, es mi recurso predilecto para sujetar correctamente el tenedor sin dejar de polarizar mis pensamientos hacia la pantalla. Pero hoy, ávido de un nuevo tipo de entretenimiento, visioné un documental subido a YouTube en calidad 360p sobre el tema «Pangea». Recuerdo haberlo estudiado algún día en el instituto cuando no estudiaba; esta frase siempre me ha resultado una paradoja muy acertada.


Puedo ponerme técnico escribiendo sobre el movimiento de las placas tectónicas que causaron la unión de los continentes en una única masa de tierra, pero esta no es mi especialidad; tampoco es encontrarle un sentido alegórico a dicho fenómeno, aunque he decido crear este post con el primer pensamiento que me llegó hasta los dedos cuando terminé buscando en Google más imágenes de Pangea. Nuestra actual morada, tal y como la conocemos, era un único territorio hace 300 millones de años. Fácilmente nació en mí una tópica conclusión gracias a crear en el subconsciente una retahíla de cosas que antes estaban unidas, y ahora separadas.


Una metáfora:

Pangea es un corazón; un órgano unido visualmente y separado en su interior por las vicisitudes directas e indirectas de la línea pasada, presente y futura de nuestras constantes vitales. Habitualmente pensamos que todo está separado desde un principio, y por lo tanto, tendemos a reconstruir el puzzle buscando las piezas para su correcta unificación. El error es creer en que la mayoría de los puzzles necesitan una reconstrucción, cuando algunos desde un principio ya están formados sin necesidad de encajar las piezas. Y finalmente lo que hacemos es destruirlos por completo; mi corazón es un ejemplo.


Un deseo:

La Tierra era una única masa que acabó separándose para llegar a la creación de los 5 continentes. Por otra parte, Pangea existió para recordarnos la importancia de volver a juntar, aunque sea idealmente, las diferencias producidas por los constructos sociales y culturales del ser humano. Somos una especie que se toma demasiado en serio a sí misma. Una especie que ha olvidado ese corazón hollado de la metáfora anterior. Y como el mundo se está volviendo loco, y yo con él, escribo este post para imaginar una Pangea utópica en la que poder guarecerme cuando los problemas surjan de absurdos desacuerdos.


Una conclusión:

Ayuso no sirve ni para extra de Aquí no hay quien viva. Es un desacuerdo en sí misma.


Wolfboy (protagonizada por Carl Marotte y Keanu Reeves).

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