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  • Néstor Barbosa

Madrid

«Aquí la mínima extensión de un texto futuro».


Nunca he escrito sobre Madrid, pero sí en Madrid. Mis dos novelas, Mateo en el cadalso y La víspera del fin del mundo, están creadas en dicha ciudad, aunque sus personajes se desenvuelven en lugares directamente inventados para la confusión del lector. Madrid, Madrid y Madrid; protagonista de mi deseo más adolescente y de las mejores películas de Pedro Almodóvar. Capital de oportunidades para los provincianos que admiramos a nuestra futura ciudad al igual que lo hace Diane con Hollywood en Mulholland Drive.


Si divago en los últimos meses me viene a la cabeza el recuerdo de cuando vi por primera vez la película Good Bye, Lenin! Creo haber encontrado cierta similitud entre esa mujer que se despierta del coma tras la caída del muro de Berlín mientras su hijo finge que nada ha cambiado, y entre mis sentimientos que fluctúan de intensidad entre estas cuatro paredes en las que me alojo; y es el hecho de que todo ha cambiado. A diferencia de la protagonista yo no tengo ningún hijo que tamice suavemente mi tristeza, ni tampoco vivo en el Berlín del año 1989.


Madrid consigue imbuir de felicidad la mejor época de cualquier juventud convirtiendo sin trampantojos aquel sueño inicial de Diane en una realidad palpable. Mi caso no ha sido distinto, incluso puedo añadir a dicha misiva un nuevo párrafo explicando cómo encontré el amor en una de aquellas noches que conseguían fagocitar al más indolente . Pero ahora, a 21 de octubre de 2020, puedo decir que Madrid me está arrebatando la veintena en los meses más decisivos para poder superar el famoso síndrome de la silla vacía. Como escribió, seguramente entre lágrimas, Salvador Mallo en Dolor y Gloria: «Madrid era nuestro».


Pero me he prometido algo, no necesariamente a mí mismo, y es narrar una tercera novela en esta ciudad. Quiero volver a recorrer sus calles para inventarme posibilidades que inhabiliten las imposibilidades del hoy. Una excusa perfecta para moverme mientras atesoro valiosas mentiras que servirán para entender el futuro que está por venir.


Siento ser incapaz de hacer un post relatando una realidad idealizada sobre esta metrópoli, urbe o urbanización que tanto me ha enseñado. Siempre nos quedará recordar los interminables paseos de Pepa en Mujeres al borde de un ataque de nervios o los Tacones Lejanos de Becky del Páramo y Rebeca caminando sin restricciones.


Quizá haya recurrido erróneamente a una miscelánea de referencias cinéfilas cuando podía haber empezado y terminado con una única escena para expresar en imágenes el sentimiento más asiduo en mi mente: César corriendo por las calles desiertas de Gran Vía en Abre los ojos.


Rotundamente me niego a vivir en el párrafo anterior. Conseguiré escribir en Madrid, y sobre Madrid. ¿Madrid no era nuestro? Madrid va a ser nuestro. ¿Lo es ahora?, no lo sé, pero he escrito inconscientemente tres veces la palabra «futuro».


Photography: Via Tumblr.

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