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  • Néstor Barbosa

La enemiga del bolsillo

Actualizado: abr 7

El día que conocí a la enemiga más cercana, de mi amiga más quimérica, no sabía en que tipo de universo me adentraba. Un virus totalmente distinto al COVID-19 y al casualmente descrito en mi siguiente novela La víspera del fin del mundo, consiguió un nuevo huésped adoptando mi nombre y dos apellidos.


Hace más de cuatro años que la ansiedad y yo nos hicimos amigos. Al principio estaba siempre a mi lado, sobre todo en los malos momentos. Con el tiempo nos fuimos distanciando, pero como también pasa en las amistades más férreas, ese intervalo nunca dictó el olvido entre ambos.


Un médico cualquiera me regaló (o me recetó, no recuerdo muy bien), una pastilla que se convirtió en la enemiga número uno de la ansiedad. Bajo la lengua y tres veces al día surgía un efecto sedante y placentero en el que mi amiga desaparecía instantáneamente. En un suspiro se desvanecía amenazando sigilosamente su vuelta. Sólo hacía falta unos cuantos gramos de droga en el bolsillo para vivir tranquilo. Pero…¿Quién era la buena y la mala en esta historia?. Entre la variedad de los matices del bien y del mal, me encontraba yo. Un yonki del siglo XXI.


Durante años he estado anestesiando a una amiga. La ansiedad tenía su función. No nos entendimos. Y en vez de enfrentarme a ella cara a cara, la fui escondiendo día tras día gracias a la pastilla del bolsillo derecho de cualquier pantalón.


Dicen que los amigos de tus amigos, son también tus amigos. No creo en ello y tampoco sé con coherencia si se aplica ese mismo refrán para los enemigos. Sólo sé que el virus que habita firmemente en mi ser sólo es un signo más de la mala gestión de una sociedad que ha olvidado cómo enfrentarse a sus miedos sin el poder de la química. Muertos vivientes que caminamos por las calles. Trankimazin, Rivotril, Lexatin…y un tiro directo en la cabeza para una falsa «sanación». El amanecer de los ansiosos sería un buen título para una película de terror de serie B.


Algún día escribiré sobre la depresión y la Sertralina, pero eso es otro tema, diferente, pero compatible. De momento tengo pánico a que mi bolsillo se rompa dejándome en el limbo de mejor Jack Nicholson de Alguien voló sobre el nido del cuco. ¿Qué nos queda a los nuevos yonkis? Quizás convertir los mejores momentos en Metadona, y vivir.


Todo es una suposición de algo más, que no es menos.



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