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  • Néstor Barbosa

Así nos besan Matthias & Maxime

Actualizado: abr 7

No leas el post si no la has visto. Es una advertencia que puedes saltarte, yo lo haría. Soy muy fan del concepto spoiler, y ojalá la vida me mostrase más.


A veces el cine de Xavier Dolan me chirría. Me huele a impostado, pretencioso y ególatra. Pero, a veces, en esos mismos adjetivos encuentro cierto talento que brilla con luz propia. Sobre todo cuando se aleja de diálogos que llegan más a los oídos, que al corazón. Personajes que gritan y fuman mucho sin ningún propósito más que mostrar una falsa intensidad. Las excepciones (sin renunciar a lo anterior), bajo mi subjetividad, las encuentro en Yo maté a mi madre, Laurence Anyways, Mommy, y para mi grata sorpresa en Matthias & Maxime.


En su última película nos cuenta la compleja crisis que sucede en el paso de la veintena a la treintena. Un cambio de dígito no muy explotado, o no tan bien narrado como en este caso, por culpa de las banalidades que puedan acarrear dicho tema. Las razones de ello las encuentro en distintos factores; uno de ellos es que yo tenga 28 años y Dolan 31 recién cumplidos. Y aquí está el quid de la cuestión, ser un director entrado en la treintena con ocho películas rodadas, le permite escribir una historia con cierta madurez mostrándonos con sutileza el tránsito hacia esa temida «meta». Aquí es donde aparece la pérdida de una juventud sin responsabilidades, ya sea mediante el cúmulo de facturas imposibles de gestionar, o desde la incomodidad del traje de un abogado que funciona mejor como disfraz. Cierto... lo reconozco... son problemas superfluos de primer mundo. Sin embargo, aunque no justifique esta última frase, sí es cierto que tiene ganado mi interés.


Cinematográficamente la película es pausada y lenta, pero no tediosa. Lo recalco porque este ritmo está muy justificado para poder caer de pie en una de las mejores escenas de su cine... y de mi confinamiento, que viene a ser lo mismo, pero ese es otro tema. Hablo del único beso que llegamos a ver, y que es una delicia comprobar lo bien acompañado que está gracias a una versión en directo de Son for Zula; canción que se reproduce en mi lista de Spotify cada vez que sale el sol. Cuando no sale, también suena.


Es redundante decir que estamos en el proceso de una nueva manera de entender la vida. Bueno, seguramente este cambio no dure más de un mes. La caverna del egoísmo que creamos es muy profunda. Lo siento, no confío mucho en la humanidad. Me estoy yendo del tema, así que pregunto:


¿Cuántos besos no han sucedido por culpa de absurdos prejuicios? No hay nada peor que vivir el amor en silencio y en soledad. Años y años de lucha contra uno mismo. La llegada de un beso que es inevitable, que duele solo con soñarlo y que no es garantía de autenticidad. Pues lo mismo le sucede a las peores películas de Dolan. Pero en Matthias & Maxime el deseo de tocarse, aunque sea con la yema de los dedos, llega en forma de buen cine. Y ¡voilà! es justo lo que necesitamos para salir de la caverna y no volver.


Xavier Dolan ha tardado 8 películas en conseguir lo más difícil; que le escuchen, sin tener que gritar. En cambio, nosotr@s tenemos una cantidad ilimitada de minutos en nuestras manos para tardar menos en conseguirlo. Y es sencillo, lo digo yo que hice durante años ballet clásico.


Aquí el ejemplo:


Al final Max sale por la puerta de su casa, quedándose entre el pasado y el presente. Entre la madurez de un niño y la inocencia de un adulto. Encerrando en la soledad y el silencio del sótano de los recuerdos. Todo en la vida es el final de una etapa, y la que estamos viviendo no se resiste a diferenciarse del mejor cine.








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