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  • Néstor Barbosa

40° centrifugados

Tomarse una siesta después de llenar la tripa con una paella es, como dirían en Argentina, propio de un boludo. Pero el asfixiante calor de la capital te imbuye letalmente en un sopor atractivo para cualquier sofá de color blanco. Y ya se sabe, habitualmente los sofás no suelen ser muy benévolos con el inexorable paso del tiempo. Si te quedas dormido puedes despertarte de repente en otra época, al estilo más cruel de la película Old de M. Night Shyamalan.


Pero lo importante de la paella es la parte más onírica de su digestión. El verano pasado escribí la anhedonia que sufría por aquellos tiempos, y gracias a esta siesta relato una sensación. Simplemente eso, una sensación sanadora y reparadora donde el agua es la protagonista más fulgurante.


En el sueño, mis pies caminaban descalzos por la arena evitando con comicidad el ardor del sol de la nueva tierra. La brisa marina vestía mi cuerpo desnudo con empatía y las olas del mar, expectantes ante mi llegada, dejaron su falsa bonanza para recibirme con olas de majestuosa bravura. Y hasta aquí todo podría ser únicamente la descripción más fútil de un texto de autoayuda, pero repito: lo importante está en las sensaciones.


Pongámonos que mi lugar habitual de residencia es un apartamento de ventanas con rejas y techos bajos, ambos testigos del agobio opresor de mi autoencierro. Quizá así la empatía del lector o lectora se magnifique más ante la necesidad de buscar la propia libertad de uno en cualquier playa lejos de esas rejas.


Yo sigo soñando, y me zambullo de pleno en el mar resistiéndome al incesante vaivén de las olas que consiguen convertirse en el centrifugado de una lavadora. Pero como yo no soy un sucio calcetín al que hay que lavar, mi resistencia consiste en no oponer resistencia, porque así es como mi cuerpo inerte acaba disfrutando de la inmersión en una húmeda epifanía. Por cierto, no llevo ropa, mi cuerpo está desnudo y ello facilita el dejarse llevar por la naturaleza a lo Silke en Ibiza.


Finalmente, antes de despertar, justo en el mismo instante de plena felicidad consciente, mi cuerpo comienza a dejar de flotar. Un anillo de oro de gran peso aparece en mi dedo anular. Si me desprendo de él, sigo en la superficie; si continúo con él, me hundo en el océano. Pero como ninguna opción me resulta satisfactoria consigo nadar junto al anillo sin ahogarme gracias al manejo del tiempo que desconocen los sofás.


Me despierto y entiendo la metáfora a la perfección. Y tal es la compresión, que ahora mismo me encuentro en la playa flotando sin ninguna dificultad, convirtiendo el temor en una casa de solaz veraniego.


20th Century Women: Directed by Mike Mills with Annette Bening, Elle Fanning and Greta Gerwig. 2016.

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