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  • Néstor Barbosa

El maricón de clase

Sin necesidad de ningún tipo de explicación puedo sentirme mujer, hombre, homosexual, bisexual, heterosexual, transexual, travesti, transformista, animal, pobre, rico, negro, blanco, de aquí, de allí y de ayer. Por todo ello me siento orgulloso. Gracias a todos los que hicieron sentirme el maricón de clase, hoy me siento más fuerte que nunca.


Y sin más preámbulos, adjunto el siguiente texto correspondiente a un extracto de mi primer novela Mateo en el cadalso. Hay mucho de mí en él, aunque yo también hacía ballet clásico.


Cuando era un niño me ponía una almohada como cola de sirena, jugaba a las Barbies y a las casitas. A los cinco años me llamaban Maricón sin saber lo que era. En la adolescencia fui un prisionero por voluntad propia, ya que me encerraba en casa para ver mucho cine y no escuchar todos los días en el instituto "mira el marica de 1ºB". Escribía diariamente relatos sobre la realidad y la ficción de mi mundo a modo de expiación y terapia preventiva. No confíe en la amistad hasta que apareció mi mejor amiga, Clara. Nuestro peculiar sentido del humor nos había unido desde el principio. Ella siempre estaba ahí para enfrentarse a cualquier síntoma de ignorancia ajena. La mala educación de los cobardes no nos afectó para poder construir nuestro propio mundo. Con ella descubrí la primera vez de todo, sin miedo. Cuando le confesé que era homosexual, ella me respondió: “para ser maricón, primero hay que ser muy hombre”. En la carrera nos separamos, aunque sin perder nunca el contacto. Yo arquitectura, ella biología. Ambos éramos muy herméticos, pero entre nosotros todo surgía de distinta manera. Nuestro refugio era la unión natural que habíamos creado, pero me enamoré de Leandro, y sin dolor, dejé de llamarla.


“¿Cómo se cura la culpa?”, pensé mientras intentaba apaciguar los nervios que me invadían ante tal reencuentro. La espera no se hizo larga y a las cinco menos diez sonó el timbre. La puntualidad de Clara sirvió de salvación ante pensamientos involuntarios. Ella nunca llegaba tarde.


Mateo en el cadalso. 2019.


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