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  • Néstor Barbosa

El látigo del escritor

El prefacio de Truman Capote en “Música para camaleones” está "interiorizado" más que nunca en mis pensamientos:


Cuando Dios nos ofrece un don, al mismo tiempo nos entrega un látigo, y éste sólo tiene por finalidad la autoflagelación”.


Las preguntas aumentan en un espacio asfixiante, devolviendo respuestas en forma de ladrillos aún más resistentes para la creación de mi propia cárcel.

¿Por qué quiero ser escritor?, es una cuestión que nace para llegar a un final hedonista en un mundo que parece haber olvidado todas las necesidades banales. Desde mi sillón burgués pienso en cuándo publicaré “La víspera del fin del mundo” y en escribir una tercera novela titulada “La noche no pertenece a los amantes”, (Sí, tengo ganas de adentrarme en la novela negra de jazz y humo). Pero… ¿Quién me leerá?

No creo historias, con las que convivo cada noche, para convertirme en un escritor más conocido que reconocido. Aunque supongo que para añadirle un “re” a la palabra conocido, he de pasar por tal tránsito. Entonces entiendo que los relatos que cuento no son más que el reflejo desesperado para alejarme de una realidad quebradiza y asfixiante. Y cuando entro en las sábanas, antes del anochecer, vuelvo a pensar: ¿El jugador más profesional juega para demostrar o para divertirse? Lo mismo intento hacer con la literatura. Quiero vivir el proceso de la redención y la expiación, pero sin olvidar la necesidad de diversión que busca el lector. Nadie sale perdiendo en este trueque cultural.

Puede parecer un tema un tanto anodino, pero el látigo que me ha sido otorgado sin elección resistirá impávido ante cualquier opinión ajena. Se está hablando de la posibilidad de un mundo mejor, pero como diría un conocido y reconocido director de cine...

«Eres un pesimista, ves siempre el vaso medio vacío!

-No, lo veo medio lleno pero de veneno.»

Mientras tanto (dos puntos) ni sacaré el látigo para la autoflagelación, ni beberé del líquido de ese vaso para no olvidar mi deseo más codiciado: Ser escritor. Pero sin la existencia de un lector, sólo el autor se divierte; y así es como el planeta pierde un poco más de gracia.


En unos días publicaré la sinopsis de "La víspera del fin del mundo". Espero que leerme se convierta en vuestra comida favorita de la semana. Mi plato preferido es "Casa de muñecas" de Henryk Ibsen. En fin, nos hará mucha falta leer y releer para seguir siendo mejores vecinos. Olvidarnos del odio que se esconde tras la ventana más indiscreta, será fácil.




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