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  • Néstor Barbosa

El daltócino disléxcio

Actualizado: jul 9

Es un hecho paradójico que sea un diseñador gráfico daltónico y un pseudo escritor disléxico. Digo «pseudo» porque aunque vaya a publicar mi segunda novela, y tenga este blog en el que solamente entran unos cuantos lectores por error, ya se sabe; ver las estrellas no te convierte en astrónomo.


Reviso los textos concienzudamente, al igual que el color de las imágenes con la herramienta de cuentagotas, pero nunca vuelvo a leer lo que escribo con tanta pasión. No sé si debe a una inseguridad insondable o directamente a la cierta vergüenza ajena propia de la autoflagelación. Tampoco soy muy condescendiente a la hora de criticar mis trabajos, por ello hoy mismo he leído con estupor un fragmento de mi primera novela Mateo en el cadalso. No sirve de justificación el contenido amateur de esta obra llena de errores referenciales.


Los sábados no son de mi agrado para sentarme a teclear ya que, suelen ser los días perfectos para dejar a un lado mi parte más misántropa. Pero he vuelto a descubrir una de mis canciones favoritas de Joni Mitchell, BOTH SIDES NOW. Escribo el título en mayúsculas porque en el libro está trasncrito como Snow Sides. Un maldito disléxico. Este problema primermundista que me provoca ver tal mancha en el papel ha hecho que rechace vehemente Mateo en el cadalso. Quizá esté escribiendo este post un sábado, sin ninguna cohesión, solo para comprobar que puedo contar una historia sin meter la pata. En el fondo a Mateo le tengo un cariño indeleble.


Recuerdo que cuando era pequeño mi padre vendió su coche y puso un anuncio en las calles con el siguiente texto: «Vendo coche, galosina sin pomo». Sí, la genética es muy caprichosa. Está claro que ninguno de los dos podemos ser pilotos, pero lo importante es caer bien en el tópico de saber diferenciar correctamente entre el bien y el mal. Por ejemplo: yo sé que soy rojo, y que el verde de Vox no es verde bosque. Y aunque la palabra maricón, no se escriba mericón, distingo con ímpetu su significado.


La víspera del fin del mundo sale a la venta en breve y espero que las erratas más ostensibles hayan desparecido. Si lo compráis, estaréis ayudando a un escritor disléxico a seguir un camino de palabras y colores persistentes a los actos más volátiles.





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